La revolución rusa de 1917 fue uno de los eventos más importantes a todos los niveles (político, social, económico, internacional, etc.) de la historia contemporánea. El malestar con el régimen de los Romanov, que había gobernado Rusia desde finales del siglo XVI, estalló de manera definitiva dando lugar a un nuevo régimen.

La situación de Rusia entre 1905 y 1917 era de grandes contrastes. Por un lado tenemos una situación económica y técnica que se va desarrollando poco a poco y saliendo del paradigmático atraso de la Rusia Imperial y, por otro, tenemos un cuestionamiento cada vez más fuerte y más claro del sistema político zarista por parte de una serie de movimientos políticos más o menos clandestinos y muy heterogéneos.

El año 1905 fue clave. Por un lado, la derrota contra Japón (1904-1905) supuso un golpe muy importante a la hegemonía rusa en Oriente y en sus ambiciones en Corea y Manchuria, haciendo quebrar su proyecto de un ferrocarril hasta Port Arthur que les diera acceso a una base marítima que no se helara en invierno, una ambición histórica. Esta derrota además de una disminución de la armada supuso la primera derrota de una gran potencia occidental en manos de una oriental, cambiando el panorama de las grandes potencias internacionales. Esta derrota, sumada al malestar general por el bajo nivel de vida que tenían tanto los trabajadores industriales como los campesinos, hizo estallar la revolución de 1905. Se iniciaron combates en ciudades y motines a barcos como el acorazado Potemkin, dieron lugar a miles de víctimas en menos de un mes de combate. Finalmente, el Zar Nicolás II, ante la incapacidad de sofocar el alzamiento, prometió convocar la Duma, un parlamento en el que a los partidos tendrían representación. Eso sí, estas concesiones serían muy moderadas, ya que el Zar tendría potestad para cerrarla, como hizo enseguida. En los años siguientes se produjo un gran desarrollo económico e industrial, los ferrocarriles, telégrafos y teléfonos crecieron, al igual que el ejército se reformó y dio lugar a una situación de progreso y estabilidad económica. Todo cambió cuando en 1914 Rusia declaró la guerra a Austria-Hungría en respuesta a la declaración de guerra de esta potencia contra Serbia.

En la guerra, Rusia tuvo un rendimiento bastante sorprendente por la aparente situación en los años 1915 y 1916, consiguiendo derrotar a los austríacos y turcos en diferentes frentes, pero sufriendo fuertes derrotas contra la muy superior maquinaria militar alemana. Sin embargo, los problemas de infraestructuras y abastecimiento de tropas y poblaciones urbanas hicieron que la situación fuera cada vez más insostenible, sumado a los desastres militares de 1917, la cada vez mayor impopularidad del Zar hicieron que en marzo y en noviembre de 1917 estallaran las revoluciones de Febrero y Octubre que dieron inicio a los primeros gobiernos republicanos de Rusia.

La Revolución de Febrero dio lugar a un gobierno provisional presidido por Kérenski (Eserita, del sector más moderado y alejado de los Socialdemócratas). Este gobierno tuvo muchos problemas, la guerra continuaba contra Alemania y Austria-Hungría, además que su partido sufría grandes divisiones y no controlaba la mayor parte del territorio, ya que los Soviets o consejos (cercanos a los socialdemócratas) controlaban grandes ciudades como Petrogrado (Antigua San Petersburgo). Por otro lado, los mismos socialdemócratas sufrían divisiones entre los que querían hacer una revolución democrática y burguesa junto con Eseritas y apoyar el gobierno provisional y los que querían establecer el poder proletario. Eran los mencheviques (minoritarios) y bolcheviques (mayoritarios). Además, el gobierno tenía que enfrentarse a las fuerzas zaristas que se estaban reorganizando.

El 15 de noviembre de 1917 se celebraron elecciones en asamblea constituyente. Supuso una fuerte derrota para los bolcheviques pero la corriente revolucionaria de los eseristas no obtuvo representación. Esta situación provocó que los bolcheviques intervinieran la asamblea constituyente y la cerraran, provocando una respuesta armada de todas las corrientes que no eran bolcheviques.

Fue a partir de este hecho que comenzó la Guerra Civil Rusa (1917 hasta 1923) donde los diferentes bandos antibolcheviques (desde eseritas a directamente zaristas que querían restaurar el régimen autocrático) con apoyo de 9 potencias extranjeras (Francia, Italia, Serbia, Gran Bretaña, China, EEUU, Grecia, Japón y Rumanía) lucharon contra el improvisado ejército rojo comandado por Trotski.

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Los aspectos militares son muy especiales, con la gran cantidad de terreno y el mínimo desarrollo de las infraestructuras de Rusia se dio el caso de que esta guerra no tenía unas características modernas, a pesar de ser una de las primeras guerras del siglo XX de tamaño importante. Fue un gran ejemplo de tácticas no convencionales que se darían a lo largo y ancho de todo el siglo XX.

La guerra se saldó con muchísimas bajas por parte de ambos bandos, tanto civiles como militares. El hambre y el caos económico también provocaron muchas bajas, además de las brutalidades contra la población civil cometidas por parte de ambos bandos.

Sin embargo, la victoria bolchevique fue rotunda y se comenzó a organizar el primer Estado socialista de la historia: la Unión Soviética. La URSS no lo tuvo nada fácil, el aislamiento internacional y el caos de la guerra civil hicieron que la situación fuera muy dura. Además, hasta bien entrados en los años 30 no se llevó a cabo un proceso de normalización de las relaciones internacionales. La URSS quedo fuera de la Sociedad de Naciones y en general, de casi todos los ámbitos.

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Estos primeros años, la URSS llevó a cabo una política de exportación de la revolución que causaba gran malestar en sus vecinos europeos, donde los recientemente formados partidos comunistas actuaban como agentes de revolucionarios y al servicio del Komintern. Esta situación y las dificultades económicas hicieron que el país tuviera importantes problemas en sus inicios.

Bibliografía
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