Hoy en día, cuando alguien comenta que está estudiando Historia, la mayoría de gente reacciona preguntándose el por qué. Bien, para entender el mundo en el que vivimos considero que es muy importante conocer el pasado para entender los procesos políticos que se dan en la actualidad. Por ello, para justificar esa afirmación, analizaré el proceso de entreguerras en Europa del siglo XX.

En primer lugar, hay que destacar que el escenario de Europa y el Mediterráneo de los últimos veinte años (salvando las diferencias) es bastante similar al período comprendido entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, tenemos una situación económica difícil, con un gran volumen de población que tiene dificultades económicas. Por otro lado, en el apartado político podemos observar que las instituciones que tanto esfuerzo han costado organizar son cuestionadas por muchos países debido a la incapacidad de respuesta ante los grandes retos del momento: crisis económica, inmigración, política internacional. Muchos se preguntarán qué relación tiene todo esto con el período de entreguerras, pero a mi parecer hay bastantes similitudes. Podemos ver una crisis del sistema de la Unión, el resurgir de partidos totalitarios y un discurso racista que ha resucitado con la problemática que hay en el sur de Europa. En este escenario hay que añadir un auge de los nacionalismos preocupante: el brexit británico, el discurso racista del gobierno italiano y el auge de la ultraderecha, que no se daba desde hacía muchos años.

Durante el período de entreguerras nos encontramos frente a una diversidad de economías muy interesante. Por una parte, tenemos los países con una gran tradición democrática como son Estados Unidos, Reino Unido y Australia. La mayoría de ellos son herederos de la cultura anglosajona o miembros de la Commonwealth. En todos estos países la cultura parlamentaria y el capitalismo han sido valores que se han promovido y en la que el liberalismo económico ha condicionado la ideología de la población, tal como queda patente en “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, escrito en 1776.

De hecho, mientras Reino Unido creaba las primeras tesis del capitalismo e iniciaba la Revolución Industrial, en la Europa continental muchos de los países vivían en economías basadas en las manufacturas, viviendo períodos de inestabilidad política debido a guerras dentro de los mismos países, así como pronunciamientos militares. Además, nos encontramos en el nacimiento del romanticismo en Europa, movimiento cultural clave para entender los totalitarismos del siglo XX.

Aunque el romanticismo también tuvo una repercusión notable en Reino Unido, el nacionalismo se desarrolló no tanto como en Francia o Alemania en la búsqueda de un pasado histórico glorioso, sino en la idea de que Reino Unido estaba en un proceso de expansión económica y territorial gracias al dinamismo de su industria incipiente y al laissez faire capitalista. Esto es muy importante para entender porque en los países anglosajones tanto las ideas nacionalsocialistas como las comunistas no tuvieron tanto apoyo popular. Además, hemos de añadir que la larga tradición democrática permitió desde un inicio la aparición de partidos que revindicaban mejoras laborales para los obreros. Todos esos factores hicieron que las ideas totalitaristas no triunfaran en los países anglosajones (sin olvidar de que tenían un bienestar económico importante respecto a los otros países del mundo).

Volviendo al siglo XX, podemos observar que en el mundo hay diferentes formas de organización estatales. Como ya hemos dicho, podemos observar las democracias estables que ya hemos analizado anteriormente pero también podemos observar democracias inestables debido a una falta de tradición democrática, ya que los mecanismos de este sistema político aún no están arraigados en la sociedad. Este sería el caso de la Segunda República de España, salida de la dictadura de Primo de Rivera (que aún tenía adeptos) o de Italia, consolidada como monarquía parlamentaria. El pueblo italiano, la crisis económica que vivía el país (ya que había regiones muy poco industrializadas), junto con el fracaso de las ambiciones territoriales después de la Primera Guerra Mundial en el Tratado de Versalles, hacen que nazca el nacionalsocialismo de la mano de Benito Mussolini, dando lugar al primer estado fascista que buscaba su justificación en un pasado glorioso (en este caso en el antiguo Imperio Romano). Los mismos pasos siguió Rusia tras la caída del zar: El desastre de la Primera Guerra Mundial junto con una economía que empezaba a industrializarse tímidamente, no olvidemos que era un régimen absolutista, dio lugar a una revolución comunista, un hecho inédito hasta entonces.

Todos estos datos nos sirven para analizar con detalle los acontecimientos más relevantes de la historia reciente. Si analizamos el fenómeno denominado Primavera Árabe, veremos que la caída de esos regímenes se ha dado en momentos de crisis económicas, en los que la población se va radicalizando y empiezan a entrar en conflicto con las dictaduras que entraron a gobernar gracias al apoyo del Primer Mundo. También nos encontramos similitudes del fascismo o totalitarismo comunista (salvando las distancias), el integrismo religioso y un componente agregado que también es imposible de comprender sin nociones históricas, como son el neocolonialismo y los intereses de diferentes países europeos, americanos y recientemente asiáticos. Así emerge una lucha, dónde se enfrentan la democracia y el integrismo islámico, en la que los países europeos curiosamente financiaron las revoluciones una vez los dictadores dejaron de ser necesarios. Por tanto, para entender los procesos de inestabilidad que hay en el mundo es necesario comprender todo este período de entreguerras y el imperialismo.

De hecho, el imperialismo sigue dándose, aunque de manera encubierta. Tenemos al gigante asiático financiando a países africanos mediante créditos para asegurarse el acceso a yacimientos minerales indispensables para el crecimiento económico, así como a combustibles fósiles, (es el mayor comprador de petróleo del mundo). Debido a los intereses petrolíferos chinos en Sudán, China desempeñó un nuevo papel en la escena internacional mediando en el conflicto entre el norte y el sur del país, que tiene sus raíces en la unión por parte del Imperio británico de los dos territorios que se administraban independientemente sin tener en cuenta las diferencias culturales de los dos territorios (la mayoría de la población de Sudán del sur es cristiana o bien animista y la población del norte es mayoritariamente árabe). Éste caso es uno de los muchos que nos sirven para ilustrar como los hechos pasados del imperialismo europeo siguen teniendo repercusiones en África.

Por otra parte, parece que tenemos el futuro africano en la otra orilla del Atlántico. En América Latina el proceso de neocolonialismo también es una realidad, pero en algunos países los gobiernos han nacionalizado las empresas que extraían los recursos de su territorio (todos conocemos la nacionalización de YPF del gobierno argentino). En este caso se genera un debate interesante, ya que la empresa desde que se nacionalizó tiene pérdidas millonarias, aunque los recursos energéticos son gestionados desde dentro, factor clave en geopolítica mundial. Además, en este caso, el nacionalismo vuelve a resurgir, la nacionalización de la energía sirvió para unificar el sentimiento nacionalista en Argentina. No obstante, la confianza de los mercados internacionales en Argentina cayó por los suelos, lo que produjo un decrecimiento significativo de las inversiones extranjeras en el país.

Como podemos ver en todos estos ejemplos, todos los acontecimientos presentes están condicionados por el pasado. Sin la Historia somos corderos a merced de los medios de comunicación comprados por las élites.