A nuestro parecer, el buen historiador es aquel que estudia los sucesos históricos sin un juicio de valor previo, dejando a un lado la ideología  e interpretando únicamente lo que las fuentes transmiten. Pero el historiador no debe limitarse a interpretar la información que las fuentes pueden aportar, debe desgranarlas para ver qué contenido puede verificarse y qué contenido puede ser falsado.

Hoy en día somos la sociedad que más acceso tiene a la información, y a su vez, la más desinformada. Toda fuente ha sido escrita para dirigirse a un público, no hay texto que haya sido redactado sin una previa decisión política que ha motivado la introducción u omisión de cada una de las palabras seleccionadas para generar su discurso. El fácil acceso a Internet nos permite adquirir muchísima información, pero no toda la información aporta conocimiento. Por ello es de vital importancia ser críticos con las fuentes para que podamos discernir entre lo objetivo y subjetivo. A nuestro parecer, esto es lo que diferencia al estudiante de la historia del historiador.

¿Cómo realizar un buen texto académico/investigación?

Antes de comenzar cualquier texto académico o investigación conviene hacer un estado de la cuestión sobre el problema que queremos resolver mediante la investigación. El paso previo será comprobar qué se ha dicho sobre el tema que queremos tratar, qué autores  han aportado el conocimiento ya existente,  hipótesis, teorías, leyes y paradigmas existentes y vigentes, siendo los segundos los más importantes ya que se presupone que el cambio de un paradigma a otro, de una teoría a otra, es la superación de la segunda a la primera.

Una vez que sabemos cuál es el conocimiento actual, podemos hacer dos cosas: aportar conocimiento nuevo o simplemente reproducir el existente. En el primer caso conviene plantear una hipótesis y escoger la metodología e instrumentos de investigación más adecuados para llevar a cabo el estudio que convierta la hipótesis en teoría o ley. En el segundo caso, conviene llevar a cabo una investigación bibliográfica que nos permita contrastar fuentes para comprobar qué se ha dicho y generar un discurso al respecto.

En el caso de las ciencias sociales, sea la historia, economía, sociología, etc. como el sujeto de estudio es un ser humano o la sociedad y éste/os no tiene/n una conducta programada sino que mantiene/n una conducta contingente, nos es imposible elaborar predicciones futuras. En el caso de la economía, por ejemplo, se pueden hacer proyecciones, observar tendencias, pero es una forma de conocimiento orientativo, de ninguna manera podemos generar en el presente conocimiento de sucesos futuros.

 

¿Cómo debemos estudiar la historia?

En el caso de la historia como materia de estudio, como lo que estudiamos es el pasado, tenemos la ventaja de ir un paso por delante. A través de un análisis diacrónico o sincrónico de los sucesos históricos tratamos de buscar hechos característicos de cada tiempo/etapa. Las similitudes y diferencias que hay en cada contexto histórico serán los que delimitarán el tiempo del historiador.

El tiempo del historiador funciona de forma distinta al tiempo utilizado como magnitud física. Lo que diferenciará a una etapa de otra no será la duración de los acontecimientos sino la singularidad de los mismos. Por ejemplo, entendemos el tiempo histórico de la prehistoria como la aparición de los primeros homínidos, la evolución de los mismos hasta el domino de la tecnología de la escritura que dará paso al tiempo histórico etiquetado como historia. A su vez, para facilitar el estudio y aprendizaje del mismo, se subdivide en función de múltiples características definitorias dentro de un conjunto homogéneo.

Por ejemplo, ya hemos dicho que la prehistoria es aquella etapa que transcurre entre la aparición de los homínidos y la dominación de la escritura, pero esta, a su vez se subdivide en etapas, estás son el proceso de hominización, el Paleolítico, el Mesolítico y finalmente el Neolítico.

En el Neolítico transcurrirán una serie de eventos como la domesticación de plantas y animales, esto a su vez producirá un auge demográfico que dará como resultado la formación de las primeras civilizaciones con estructuras estatales. Las estructuras estatales y su burocratización precisarán de la tecnología de la escritura para poder organizarse. Todos los cambios que se producirán entre el Neolítico y la Historia Antigua serán los que precisamente han hecho que lleven estas etiquetas que diferencien el uno del otro del mismo modo que se ha diferenciado el Paleolítico del Mesolítico y el Neolítico y los demás tiempos históricos conocidos hasta la actualidad.

Es muy importante no estudiar la historia des del presente hacia el pasado. Podemos incurrir en error si hacemos una lectura de eventos pasados mirando con los ojos contemporáneos. Nosotros somos producto de la sociedad en la que vivimos, nuestra mentalidad está constituida por las vivencias y el entorno que nos ha condicionado. Cómo decía Karl Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.” Prevenidos de ello, conviene hacer un ejercicio de introspección para poder destacar qué es aquello que nos define como contemporáneos, de este modo deshacernos de ello y poder hacer un análisis riguroso abstrayéndonos de la sociedad en la que vivimos.

Compromiso del docente para con el alumnado

En el contexto en el que vivimos, donde la acepción  capitalista/economicista de lo productivo prima por encima de la acepción entendida como realización personal del conocimiento por el conocimiento,  la historia es una materia que no desprende mucho interés. El stablishment ha naturalizado un discurso para que lo reproduzca la sociedad. Este discurso promueve enfocar los estudios hacia aquello productivo dentro del modo de producción capitalista. Los estudiantes se ven obligados a plantearse si escoger sus estudios en función de la salida laboral de los mismos o por la realización personal que les puede suponer adquirir un conocimiento determinado. Es la misma sociedad la que, en términos generales, legitima el primero sobre el segundo.

Las humanidades, que el sistema las expone como materialmente improductivas en la acepción economicista de la cadena de producción del modo capitalista, juegan en realidad un papel determinante en la constitución de las mentalidades de la sociedad contemporánea. ¿Por qué motivo sino se impartiría historia en las aulas? Dado que el ser humano tiene la memoria como necesidad biológica, es crucial para el stablishment construir esa memoria a su antojo para poder legitimar  y naturalizar su visión de la realidad y mantener así su status quo con la menor oposición posible. Como decía Antonio Gramsci: “el sentido común no es otra cosa que la ideología de la clase dominante. Es perfecto el dominio del poder, un dominio que ya no se basa en la fuerza, la coacción, en el uso de la policía o el ejército, se basa en el dominio de la mente.”

Quien controla la educación, controla las generaciones, es por eso como que como docentes de historia tenemos la obligación de ser historiadores bajo la estructura del stablishment pero no historiadores del stablishment.

Nuestra tarea es y debe ser la de crear librepensadores que sepan analizar la historia con espíritu crítico y que el alumnado  sea capaz de discernir entre lo objetivo y lo subjetivo. Solo con personas con juicio crítico, con conocimiento del pasado por el estudio y del presente por la vivencia, podremos llegar a un futuro mejor para todos los denominados subalternos en detrimento de los dominantes. No se puede llegar a la igualdad desde la reproducción de la subalternidad.

¿Cómo debe transmitir la historia el docente?

Desde nuestra perspectiva resulta ridículo reproducir el viejo sistema de los exámenes memorísticos que solo conducen al alumnado a la memorización más que al entendimiento. El buen historiador no es aquel que memoriza más fechas o más nombres de un suceso histórico. El buen historiador es aquel que entiende el hilo conductor que define un tiempo histórico y lo diferencia de los otros. De este modo, con consultar cualquier fuente que contenga esas fechas o nombres que necesita, rápidamente podrá construir el discurso de la etapa en concreto.

La escritura precisamente fue un avance tecnológico porque liberaba a la memoria al permitir plasmar sobre una superficie dura todo aquello que antes tenía que ser memorizado. No involucionemos, usemos la escritura para realizar exámenes de carácter más reflexivo que memorístico. De este modo potenciaremos a un alumnado subalterno, que solo reproduce lo que otros piensan, en un alumnado que sea capaz de pensar por sí mismo.