CONTEXTO HISTÓRICO

En el siglo XIX hubo un equilibrio incómodo entre la primacía del cambio económico y político. La burguesía impulsó una revolución económica, industrial, agraria y de servicio exigiendo cambios políticos. Al mismo tiempo, como señaló Schumpeter, esta revolución estaba, en cierto sentido, protegida por la legitimidad política de las estructuras políticas preindustriales. Las monarquías constitucionales fueron el resultado del compromiso entre la burguesía ascendente y las estructuras tradicionales.

El Káiser Guillermo II, deseoso de hacer de Alemania una de las naciones más grandes y poderosas del mundo, se preocupó de impulsar el desarrollo de su marina, industria y comercio, así como de la expansión colonial. Por otra parte, llevado de un afán imperialista e igualmente en busca de espacio vital para su pueblo, concertó alianzas con otras potencias europeas, al tiempo que puso en pie de guerra en Alemania, nación que llegó a tener el mejor ejército del mundo. Fue en este clima de beligerancia que estalló la Primera Guerra Mundial (1914-1918), acontecimiento que originó la derrota de Alemania, la abdicación de Guillermo II y la abolición de la monarquía.

Gillem II

La disolución del Imperio Alemán comprende una serie de acontecimientos políticos y sociales ocurridos en Alemania entre el 15 de diciembre de 1917, cuando fue derrotada en la guerra por la Triple Entente (formado por el Imperio ruso, la Tercera República Francesa y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda), y el 1 de octubre de 1919, cuando se terminaron de establecer todas las nuevas naciones y se reorganizó el territorio alemán después de la Primera Guerra Mundial.

El 15 de diciembre de 1917 se firmó un armisticio de rendición incondicional por parte del emperador o Kaiser Guillermo II, como consecuencia de la derrota en la guerra del Imperio Alemán, el cual tuvo que pagar millones de marcos en reparaciones de guerra a las potencias vencedoras, y tuvo que reconstruir sus ciudades e industria, sumándole a esto el bloqueo que vivía por los aliados y para que la guerra aún continuaba en la mayor parte de Europa. Todo esto llevaría a una crisis social, económica y política que sumiría en la pobreza al imperio, el cual entró en una grave crisis durante todo el año de 1918, la que se agravó cuando muchas ciudades empezaron a desconocer autoridad federal de Berlín.

Soldados

Estos hechos provocaron que algunas provincias se anexaran a países vecinos como Países Bajos, Polonia, Rusia o Dinamarca, y la independencia de nuevos estados como Baviera, Wuttemberg y Sajonia, quedando el antiguo territorio del imperio alemán fragmentado en septiembre de 1918, cuando el Káiser y la familia real abandonó el país y disolvió la monarquía, generando un gobierno provisional que gobernaría lo que quedaba bajo control de Berlín hasta un año más tarde en octubre de 1919, cuando se creó la Confederación alemana, precursora de la actual República alemana.

 

En enero de 1919 se reunió en la ciudad de Weimar la Asamblea Nacional constituyente y se celebraron elecciones. Esto dio paso al inicio de la República de Weimar, la que a pesar de no tener éxito fue la primera democracia parlamentaria alemana. La República de Weimar fue el régimen político y, por extensión, el periodo de la historia de Alemania comprendido entre 1918 y 1933, tras la derrota del país en la Primera Guerra Mundial. El nombre de República de Weimar es un término aplicado por la historiografía posterior, ya que el país conservó su nombre de Deutsches Reich (Imperio Alemán). La denominación procede de la ciudad homónima, Weimar, donde se reunió la Asamblea Nacional constituyente y se proclamó la nueva constitución, que fue aprobada el 31 de julio y entró en vigor el 11 de agosto de 1919.

Al inicio de su marcha, la joven república se constituyó por una mayoría parlamentaria socialdemócrata, además del Partido Democrático Alemán y el de Centro. Desde sus inicios, la república enfrentó grandes dificultades. La primera guerra mundial había llevado a Alemania a punto del colapso.

La institución del monarca perduró en cierto modo: el cargo del Presidente del Reich (Imperio) estaba dotado de facultades tan amplias que ya por entonces los contemporáneos hablaban de un “casi emperador”. Desde el punto de vista moral tampoco se produjo una ruptura con el Imperio. No se debatió seriamente la cuestión de la culpabilidad bélica de la I Guerra Mundial, aunque las actas y documentos alemanes hablaban por sí mismos.

En 28 de junio de 1919 Alemania se vio obligada a firmar el Tratado de Paz de Versalles, lo que fue percibido como una injusticia para la mayoría de los alemanes. Este sentimiento se fortaleció aún más con las cesiones territoriales, la pérdida de las colonias y las restricciones militares, justificadas todas ellas con la culpabilidad del Imperio Alemán y sus aliados como causantes de la guerra. También se tenía por injusta la prohibición de que Austria se unificara con Alemania.

Este período, aunque democrático, se caracterizó por la gran inestabilidad política y social, en el que se produjeron golpes de Estado militares y derechistas, intentos revolucionarios por parte de la izquierda y fuertes crisis económicas. Toda esta combinación provocó el ascenso de Adolf Hitler, el principal actor que participó en este proceso, y el Partido Nacional Socialista.

Penuria

Adolf Hitler (Braunau am Inn, 20 de abril de 1889 – Berlín, 30 de abril de 1945) fue un político austríaco, principal ideólogo del nazismo. En 1923 acabó con lo que en apariencia era sólo un golpe de Estado más de los que asoló Alemania este año. Esta vez fue en Munich, en noviembre, y estaba encabezado por un pequeño y joven partido extremista de ultraderecha llamado NSDAP, el Partido Nazi. Su líder era Adolf Hitler, un ex militar de origen austríaco, que quiso imitar a su ídolo Mussolini que un año antes había llegado al poder en Italia. Pero Hitler y la dirección nazi fueron detenidos. Parecía el fin de sus sueños de llegar al poder. Pero resultó ser sólo el principio. Encarcelado sólo durante un año en unas condiciones envidiables de confort, reestructuró el partido y lo preparó para un giro en la estrategia: el golpe de Estado se pasaría a la lucha en la calle por el voto y por el control del Parlamento. Esta estrategia sería un éxito, y diez años después de este 1923 tan conflictivo, Hitler acabará llegando al poder.

Hitler

El 5 de marzo de 1933, los nazis obtuvieron la mayoría en las elecciones al Reichstag, con lo que pudieron aprobar el 23 de marzo la Ley habilitante que, junto al Decreto del incendio del Reichstag del 28 de febrero y en permitir la aprobación de leyes sin la participación del Parlamento, se considera que significó el final de la República de Weimar. Si bien la Constitución de Weimar el 11 de noviembre de 1919 no fue revocada hasta el término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el triunfo de Adolf Hitler y las reformas llevadas a cabo por los nacionalsocialistas (Gleichschaltung) la invalidaron mucho antes, instaurando el llamado Tercer Reich.

Aunque desde 1930 el Canciller de Alemania había gobernado sin la aprobación del Parlamento, acabando con la democracia parlamentaria, el Parlamento alemán continuaba existiendo como pilar fundamental de la República. Sin embargo, en marzo de 1933, a las pocas semanas de haber subido al poder, el Canciller Hitler logró obtener todos los poderes del Parlamento, que desde entonces se convirtió en una caja de resonancia del Ejecutivo, carente de voluntad propia. La época del nacionalsocialismo se inició en enero de 1933, bajo las directrices de Adolf Hitler, y duró 12 años, coincidiendo con el final de la II Guerra Mundial en 1945.

CRISIS DEL MODELO DE ESTADO NACIÓN. ESTABLECIMIENTO DE SISTEMA TOTALITARIO

Las presiones internas que motivaron la formulación del modelo de estado totalitario en Alemania se iniciaron a finales de la década de los veinte, cuando el paro masivo y la penuria económica de amplios estratos de la población fortalecieron el radicalismo de izquierdas y de derechas.

Se entiende por Totalitarismo al régimen político caracterizado por la concentración de poderes en un partido único y en su cabeza, la abolición de los derechos individuales y la pretensión del Estado de dirigir y controlar todas las facetas de la vida social y privada . Los dos modelos representativos de estos regímenes de gobierno son el hitleriano en Alemania y el estalinista en la URSS.

Las ideologías totalitarias en Europa basaban sus postulados en el desprestigio de la democracia y en la unión del partido único con el Estado. Las personas perdieron sus derechos ciudadanos garantizados por las Constituciones y el Estado de Derecho. Cambió la condición de las personas, transformándolos de ciudadanos en súbditos del Estado, es decir, las personas tenían que servir al Estado. Los logros políticos y sociales obtenidos desde la Revolución Francesa fueron restringidos por las ideologías totalitarias.

El totalitarismo controlaba las expresiones de la cultura y la educación pública a través de la acción del estado. Se expresaba en el control de todos los medios de comunicación masivos (radios, periódicos y cines), coartando toda expresión de ideas propias o opositores.

Hacia finales del siglo XIX el sistema político europeo tenía profundas contradicciones, ya que si bien la sociedad se basaba en el principio de la igualdad teórica de todos los ciudadanos, existían problemas como:

  • La desigualdad económica y los privilegios de los grupos sociales.
  • La existencia de “democracias limitadas”, en el que instituciones como el Senado que no se basaban en voluntad popular.
  • La exigencia de la ampliación del sufragio para la constitución de sistemas plenamente democráticos.

Durante los primeros años de la década de 1930 el partido nazi encontró amplio apoyo entre la población debido a los efectos generales de la depresión económica y el fracaso de la estructura política de la República de Weimar. Asimismo, la aplastante derrota sufrida en la Primera Guerra Mundial condujo a una crisis de autoconfianza que se sumó al resentimiento en contra de las condiciones impuestas a Alemania por los Tratados de Versalles.

El Reichstag (Parlamento) fue incapaz de formar mayorías para sostener al Gobierno y los gobiernos dependían de los decretos de emergencia del Presidente del Reich, que permitían gobernar sin aprobación parlamentaria. Las personas que se unieron al movimiento nazi no eran individuos solitarios, sino que lo hicieron como miembros de grupos de “sociedad civil” asumidos por los activistas nazis o fueron a manifestaciones nazis con amigos.

Para Linz, el nacionalsocialismo constituyó uno de los principales regímenes totalitarios del siglo XX, que provocó la destrucción del orden civil por la sumisión absoluta de los individuos a la ideología y el terror del estado del partido, bajo el poder del su líder. Conformó el comportamiento y las acciones de los grupos sociales y las personas que trabajan con motivos muy diversos, que adoptaron la dinámica progresiva del dominio nazi interpretando los deseos presuntos de Hitler sin necesidad de una dirección central estrecha. Asimismo, permitió la importancia funcional de la ideología de Hitler.

En este sentido, Linz suscribe la idea de un fascismo genérico como un tipo de movimiento político, ideología y estilo, cuyo nazismo era una variante diferente, e incluso un poco aberrante, ya que aunque el antisemitismo y la holocausto ocupan un lugar central y único en el análisis de la ideología nazi, debería considerarse parte de una ideología racista más amplia.

Las principales presiones externas que motivaron la formulación del modelo de estado las encontramos durante la Primera Guerra Mundial, ya que sin la guerra no se habría producido la escisión del socialismo entre bolcheviques y socialdemócratas, ni el ascenso del italiano el nacionalismo intervencionista, Mussolini y el fascismo, la izquierda radical alemana y el éxito nazi en la destrucción de la democracia de Weimar.

Desde una perspectiva “totalitaria”, la relación entre los regímenes bolchevique-estalinista y nacionalsocialista refuta la aparente simplicidad de su comparación a lo largo de líneas ideológicas. La Alemania nazi pertenecía a la familia de los regímenes fascistas y la Rusia de Stalin a la tradición bolchevique. Hitler imitar a Mussolini y Stalin siguió a Lenin. Esta clasificación es apoyada por la historia de las ideas o de las intenciones, ya que distingue dos ambiciones revolucionarias: una basada en el particular, la nación o la raza, la otra en el universal, si aceptamos que prefigura la emancipación del proletariado el de toda la humanidad.

En aquella época se creó el denominado “Eje”, nombre de la alianza establecida entre Alemania, Italia y Japón, países donde los regímenes políticos se caracterizaban por su totalitarismo, imperialismo y militarismo, con los objetivos de la preservación de la espacio vital para los tres estados y regímenes, la defensa mutua y la intervención conjunta en caso de agresión militar producida por terceros.

Hitler no accedió al poder gracias a una gran victoria electoral, pero no habría llegado a ser Canciller si en enero de 1933 no hubiera estado al frente del partido más fuerte. El movimiento nacionalsocialista liderado por Hitler se había convertido en la principal fuerza política de Alemania al hilo de la crisis económica, aunque no lograra reunir en torno a si el conjunto de la población ni a la mayoría parlamentaria. A principios de 1933, cuando el peor de la crisis ya había pasado, las derechas calcularon que confiando la jefatura del gobierno a Adolf Hitler, que defendía posiciones absolutamente antidemocráticas, podrían utilizarlo para sus propios fines. En este sentido, ya pesar de sus fuertes recelos, Paul von Hindenburg (último Presidente de la República de Weimar) terminó confiándole la Cancillería (jefatura del gobierno) a Hitler y accedió también a satisfacer su exigencia de disolución del Reichstag.

Hindenburg

Tampoco había escondido su antisemitismo en las campañas electorales pero tampoco lo había colocado en primer término. Entre los trabajadores, el apoyo estaba muy disputado, tampoco se habrían obtenido muchos votos con similares consignas. Los prejuicios antijudíos estaban muy difundidos en las capas ilustradas y acomodadas, así como entre los pequeños industriales y campesinos, pero se rechazaba el antisemitismo llamativo. La privación de derechos que sufrieron los judíos alemanes en virtud de las leyes de Nuremberg, de 1935, no suscitó oposición porque se respetó la legalidad.

Por estos anteriores motivos la justificación del nuevo sistema se convirtió en un proceso de aparente normalidad. No debemos olvidar que tanto el fascismo (especialmente el nazismo) como el comunismo eran profundamente antiliberales, pero afirmaban ser “democráticos” en una forma que los regímenes autoritarios no. Las personas votaron por líderes que exaltaban el nacionalismo y las ideas antidemocráticas, esperando obtener los beneficios que los gobiernos socialdemocráticos no pudieron brindar.

Desde 1933 hasta 1935, la estructura democrática de Alemania fue sustituida por la de un Estado completamente centralizado. La autonomía de la que anteriormente habían disfrutado las autoridades provinciales quedó abolida; estos gobiernos regionales quedaron transformados en instrumentos de la administración central y fueron estrictamente controlados.

Podemos concluir con la idea de Linz sobre que el totalitarismo, sin duda, explica algunas de las peores violaciones de los derechos humanos, pero las tendencias y los regímenes totalitarios no siempre han llevado al mismo tipo de terrorismo y represión estatal, y ciertamente, otros regímenes no democráticos han contribuido a compartir los terribles legados del siglo pasado. Por otra parte, el análisis sistemático de los datos más evidentes sobre los asesinatos en masa, las muertes y las penurias de prisión, los campos de concentración, los Gulags y los presos políticos debería complementarse con una comparación de los mecanismos del control político y social.

Por lo tanto, aunque la política y las justificaciones ideológicas son el núcleo de la explicación de los horrores del siglo XX, la investigación sobre las víctimas y sus perseguidores en varios países, como Alemania, ha demostrado el uso por individuos de la maquinaria de represión por sus objetivos personales, venganzas y liquidación de cuentas privadas.

Finalmente, en 1945, con el fin de la II Guerra Mundial, el nazismo fue aplastado.

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WEBGRAFIA
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