El libro “Historia del Capitalismo” de Jürgen Kocka es un interesante ensayo histórico donde el autor analiza, interpreta y evalúa el papel que ha tenido el capitalismo desde su origen, en la Edad Media, hasta la última gran crisis financiera de 2008, de la que nos estamos actualmente recuperando. Es precisamente esta última gran crisis el motivo que llevó a Kocka a escribir este libro, al haber provocado un cuestionamiento del capitalismo cuando ya todos creíamos que estaba del todo consolidado. A lo largo del libro, el autor realiza un recorrido histórico por la evolución del concepto de capitalismo en Europa y Asia, compara las teorías elaboradas por diferentes expertos en cada época y explica cómo influyó el capitalismo en el día a día de la sociedad del momento.

Si analizamos las diferentes formas de capitalismo que se han producido a lo largo de la historia, observamos que hasta principios del siglo XVI, es decir, finales de la Edad Media y principios de la Edad Moderna, el capitalismo tenía la forma de un capitalismo comercial. Esta forma de capitalismo, basada en las ganancias que esperaba recibir del capital y no como el patrimonio que se iba a consumir o acumular, no tuvo un impacto considerable ni en la economía ni en la sociedad (Kocka, 2013: 10-12).

Durante la Edad Media y hasta principios de la Edad Moderna surgió el capitalismo agrario. Durante la Edad Media ya existía una división del trabajo y, a su lado, un comercio entre el campo y las zonas urbanas, aunque mayoritariamente estaba limitado al ámbito local y era muy elemental. El ámbito rural y agrícola estaba claramente orientado hacia la tradición, y fomentaba la comunidad ante el individuo y la competencia, los intercambios personales ante las anónimas relaciones de mercado y la tradición frente a la crítica. Sin embargo, en este mundo agrícola de la antigua Europa que daba la espalda a los principios del capitalismo, ya existían elementos capitalistas que fueron haciendo raíces poco a poco. Sin embargo, en la mayor parte de Europa el principal obstáculo para la aparición de las primeras manifestaciones del capitalismo fue el feudalismo. Asociar estrechamente las relaciones económicas y las sociales y definir una serie de privilegios y dependencias, no sólo desde el punto de vista económico, sino también, y fundamentalmente, desde el social y el político, limitó considerablemente el establecimiento de los intercambios mercantiles como mecanismo de regulación (Kocka 2013: 87-99).

Por un lado, el capitalismo agrario se orientó hacia la exportación, pero con un marcado carácter feudal, y se producían intervenciones del estado, que fomentaban la introducción del capitalismo en la agricultura. Por otra parte, este tipo de capitalismo iba tomando forma gracias tanto a las grandes empresas como a los artesanos europeos. Estos últimos desarrollaron su actividad dentro de la economía doméstica, bien para el consumo propio, o bien como actividad secundaria para completar la actividad principal o, también, como un servicio de pago siendo artesano autónomo. Fue esta la puerta que permitió la entrada del capitalismo en el sector secundario: la industria casera protoindustrial y del trabajo en el mismo domicilio. En este sentido, los comerciantes interesados ​​se convirtieron (parcialmente) en Verleger (empresarios comerciales con capacidad de influir en la producción) y el sistema protoindustrial dio forma a una de las piezas del capitalismo en un mundo que, en general, todavía era precapitalista (Kocka 2013: 87-99).

Fue a partir del inicio de la Edad Moderna cuando el capitalismo comenzó a expandirse, debido sobre todo a la gran campaña de descubrimientos europeos llevados a cabo en América y Asia. Durante toda la Edad Moderna, con Europa occidental como zona principal, el capitalismo se globalizó y dio lugar a un nuevo sistema de comercio a escala mundial que impactó e influenció en los sistemas de producción y con un sentido social ( Kocka, 2013: 33,67).

Esta globalización provocó también la evolución del trabajo esclavo de las colonias hacia un trabajo de carácter libre. Desde el siglo XVI al XVIII, Europa aumentó considerablemente su control sobre el territorio mundial a través de los incipientes estados que fueron surgiendo progresivamente y de la misión evangelizadora de la Iglesia en los nuevos territorios. Estos hechos impulsaron la expansión política y del capitalismo europeo, con países como Portugal, España, Países Bajos e Inglaterra como líderes de esta expansión en diferentes periodos de la Edad Moderna. Un ejemplo de esta expansión fue el comercio triangular atlántico que desarrollaron Inglaterra y los Países Bajos, que consistía en el transporte de productos de consumo masivo desde Europa hacia África, para luego allí trasladar esclavos africanos hasta América y , finalmente, volver a Europa con productos americanos (Kocka, 2013: 69-86)

Transcurría el siglo XVIII cuando en Inglaterra, debido a la Revolución Industrial, comenzó a cambiar de nuevo el concepto de capitalismo, llegando a la conclusión de que los capitalistas vivían de los beneficios, y no de un salario o de rentas. La Revolución Industrial introdujo el trabajo asalariado, la asimilación de fábrica como empresa de producción y la división del trabajo en las fábricas, provocando un incremento de la productividad. En este sentido, comenzó a calar en la sociedad inglesa de la época la idea de que los capitalistas eran personas opuestas a los trabajadores y reflejaba una crítica a la sociedad de clases. Crítica que también se dio en países como Francia y Alemania en el mismo periodo (Kocka, 2013: 113-121).

En el siglo XIX, el capitalismo comercial dio paso a un capitalismo financiero basado en el desarrollo del consumo masivo. Este capitalismo financiero incorporó nuevas variables al sistema como la incertidumbre, la especulación y el riesgo derivado de estas. También favoreció la creación de productos financieros y de un mercado para estos productos. Como consecuencia, se crearon las bolsas de valores y los bancos. En estos se empezó a centralizar las operaciones económicas relacionadas con el dinero. Fue en esa época cuando Weber desvincular el capitalismo de la época de la industrialización a través de una visión egocéntrica de Occidente. Para Weber, el capitalismo tenía como objetivo el incremento de la eficacia económica, aunque no siempre iba acompañado de un aumento del bienestar en todos los sectores (Kocka, 2013: 133-140).

El siglo XX se caracterizó por ser el siglo en que finalmente el capitalismo se asentó en la Europa occidental. Por ejemplo, en 1944 se firmaron los acuerdos de Bretton Woods, unas resoluciones de la conferencia monetaria y financiera que las Naciones Unidas llevaron a cabo en el complejo hotelero de Bretton Woods (Nueva Hampshire, Estados Unidos), entre el 1 y el 22 de julio de ese año. Allí fue donde se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo. Bretton Woods trató de poner fin al proteccionismo europeo del periodo 1914-1945, que se inició en 1914, con la Primera Guerra Mundial. Se consideraba que, para llegar a la paz, debía existir una política librecambista, donde se establecerían las relaciones con el exterior. En los acuerdos, también se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI), usando el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional. Las dos organizaciones comenzaron a funcionar en 1946 (Carbaugh, 2011: 469).

Pero el principal motivo de llevar a cabo los acuerdos de Bretton Woods fue que los Estados Unidos habían convertido, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la economía más fuerte del mundo, viviendo un rápido crecimiento industrial y una fuerte acumulación de capital. Los Estados Unidos no habían sufrido las destrucciones de la Segunda Guerra Mundial, tenían una industria manufacturera poderosa y se enriquecieron vendiendo armas y prestando dinero a los otros combatientes. Los Estados Unidos, al ser la potencia más grande mundialmente y una de las pocas naciones poco afectadas por la guerra, estaba en posición de ganar más que cualquier otro país con la liberalización del comercio mundial (Carbaugh, 2011: 469).

Paradójicamente, en 1944 fue el mismo año en que Karl Polanyi, en su obra “The great transformation”, estudiaba la aparición de una economía de mercado surgida de su “arraigo” en los ámbitos político y social, con tendencia a la autorregulación y donde la dinámica se oponía claramente a la necesidad de integración de la sociedad. Polanyi se encontraba en las antípodas de lo que había teorizado un contemporáneo suyo, John Maynard Keynes, algunos años antes, cuando éste observó lagunas en la racionalidad del capitalismo y sugirió que podrían resolverse a través de las emociones: instintos de lucro, amor a los dinero e impulsos animales (Kocka, 2013: 25-27).

Este hecho de apertura exterior de la empobrecida Europa Occidental, tras la II Guerra Mundial, provocó un proceso de convergencia, es decir, Europa creció más rápidamente que los Estados Unidos y fue convergiendo hacia los Estados Unidos. Pero estos acuerdos se cancelaron en 1971 debido a la generalizada desconfianza en la fortaleza del dólar, provocada por el temor de que la abundancia de dólares en el mundo tuviera consecuencias inflacionistas a escala mundial. Comenzó así una época turbulenta donde predominaron las subidas del petróleo, la desregularización de los mercados y del trabajo asalariado, el crecimiento de la deuda y la desindustrialización en algunos países occidentales (Economipedia, 2018).

En este sentido, Wallerstein y Giovanni Arrighi evidenciaron a finales del siglo XX la importancia de las dimensiones transnacionales, así como la relación del modelo capitalista con la expansión imperialista, la dependencia surgida entre las periferias explotadas y las metrópolis imperiales y dominantes, así como la relación entre el capitalismo y los conflictos internacionales (Kocka, 2013: 28).

Actualmente, en pleno siglo XXI, las críticas al capitalismo son muy diversas. Por ejemplo, se atacan públicamente (y con razón) determinados abusos relativos, como la “irresponsabilidad estructurada” del sector financiero, que representa un claro caso de incumplimiento de una de las premisas fundamentales del capitalismo (Kocka, 2013: 130- 131).

De hecho, fue este capitalismo financiero o financiarización de los mercados el principal responsable de la última crisis de 2008, de la que todavía nos estamos recuperando diez años después. Una crisis que fue consecuencia de una especulación sin control y de una deficiente evolución del sector financiero, que acabó teniendo efectos en la economía real, al igual que las anteriores crisis de los años 1873 y 1929 (Kocka, 2013: 119- 121).

En 2008 se produjo una crisis generalizada de confianza y el sistema financiero quedó parado o casi paralizado. Este empezó a no dar crédito, los niveles de precios comenzaron a bajar y el riesgo de que se produjera una deflación era muy grande. Con estos hechos, la economía se habría podido derrumbarse. Pero gracias a las lecciones aprendidas que elaboró ​​Keynes sobre el comportamiento de estos elementos a la gran depresión del siglo XX, la última crisis del 2008 no ha sido, por suerte, mucho peor de lo que podía haber sido.

En el ámbito global, pudimos ver muchos ejemplos de ello en la gestión de las hipotecas subprime de Estados Unidos a raíz de una desregulación neoliberal. Y en el ámbito local, en España, nos tocó muy de cerca la gran actividad especulativa de empresas inmobiliarias y la descontrolada actividad crediticia de los bancos. Fue entonces cuando las economías familiares se vieron comprometidas y en peligro. Por un lado, los grandes beneficios de la banca no se correspondieron con una creación de riqueza, se incrementaron las falsas expectativas de obtener abundantes ganancias y la disposición para asumir riesgos.

Por otra parte, la deuda creció hasta un punto desorbitado. Y creció mucho más cuando en 2008 los estados tuvieron que rescatar a los bancos. Por tanto, en 2008 se demostró que el capitalismo financiero se había convertido en un mecanismo dominante de regulación económica de gran influencia en la sociedad, la cultura y la política. Cuando Schumpeter escribió su obra “Capitalismo, socialismo y democracia” en el año 1942, no se encontraba muy lejos de describir lo que pasaría casi 80 años después, ya que Schumpeter definió el capitalismo como “cualquier forma de economía de la propiedad privada en la que se llevan a cabo innovaciones a través de dinero prestado “. Es decir, el crédito, la generación de deuda y la especulación (Kocka, 2013: 119-131).

Sin embargo, Kocka indica en su libro que algunos temas que antiguamente formaban parte del núcleo de la crítica al capitalismo, actualmente son marginales. Aspectos como los peligros de la idolatría del mercado o la ideología radical de tipo capitalista que proclamaba la Iglesia católica, la crítica al capitalismo que hacía la extrema derecha o la culpabilización del capitalismo por parte de la izquierda política para el empobrecimiento de la clase obrera (Kocka, 2013: 173-178). Aspectos que considero que no son actualmente tan marginales como comenta el autor.

Precisamente, en 2018 estamos viviendo una época donde la Iglesia Católica es una de las superpotencias mundiales consolidadas, tanto política como económicamente, pero sigue advirtiendo de los peligros anteriormente citados (97-100). Asimismo, estamos siendo testigos del auge que la extrema derecha está alcanzando en Europa a través de la acogida que están teniendo de nuevo sus connotaciones antiliberales, antisemitas y xenófobas. Finalmente, vemos como la izquierda política tradicional ha desplazado hacia nuevas formaciones políticas, que han retomado el argumentario de reprochar al capitalismo el empobrecimiento de la clase obrera y la idea de división del trabajo y economía monetaria de Marx. Nuevas formaciones políticas que han derivado en fuerzas de centro y, a veces, cuesta diferenciarlas de las fuerzas políticas de derechas (Kocka, 2013: 173-178).

El libro “Historia del Capitalismo” me ha aportado una visión histórica y global del concepto de capitalismo que no tenía hasta el momento, a través del recorrido que el autor realiza por las diferentes etapas y teorías del capitalismo. Desde una Edad Media donde el término “capitalismo” como tal era inexistente, hasta nuestros días, donde nuestra vida se encuentra impregnada e influenciada por el mismo, y donde la mayoría de los grupos sociales viven dentro de un sistema económico, político y social caracterizado por la lógica del mercado. Pasando, además, por una larga época donde el término era referenciado con un sentimiento de resentimiento y desprecio.

Es muy importante observar también que el capitalismo nunca ha sido algo estático. Es un sistema vivo que ha ido evolucionando, que se ha ido transformando y adaptando a cada época, sociedad y poderes del momento a partir, sobre todo, de las críticas que ha ido recibiendo. Según Kocka, “cada época y cada civilización tiene el capitalismo que se merece (Kocka, 2013: 177-178).

Y esta gestión del cambio y facilidad de adaptación del sistema capitalista es la que considero que la ha hecho fuerte y ha favorecido que haya resistido los envites de otros modelos de creación de bienestar y de generación de libertad. Por eso, el mismo Kocka propone en su libro definir el capitalismo como un sistema en el que existen derechos de propiedad individuales y decisiones descentralizadas. Hay una coordinación de los actores económicos (mercado y precios) a través de la competencia y la colaboración, ya partir de la oferta y la demanda, la compra y venta, la comercialización de productos, la división del trabajo y la economía monetaria, hay una inversión y reinversión de ahorros y beneficios para obtener ventajas en un futuro (Kocka, 2013: 29-30).

Una definición que, como podemos apreciar, se formula a partir de extraer la esencia de todas aquellas etapas y teorías para la que el capitalismo ha pasado y que se parece mucho a la que formuló Adam Smith a finales del siglo XVIII a su obra “Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”. Pero que seguramente no será la definitiva, ya que el capitalismo continuará evolucionando y transformándose en función de los tiempos y sociedades futuras.

 

BIBLIOGRAFIA
  • Kocka, Jürgen (2013), Historia del capitalismo , Barcelona, Crítica (2014).
  • Carbaugh, Robert J. (2011), International Economics, Boston, Cengage Learning,
WEBGRAFIA