Es habitual en la mentalidad y cultura populares conocer fragmentos de Historia a través de películas o series de televisión. Muchas de estas hacen referente a batallas concretas que han ido empapando el subconsciente del público general. Prácticamente todo el mundo conoce batallas tan famosas como el desembarco de Normandía, la batalla de las Termópilas, Maratón, Salamina, Dunquerque. Pero he aquí, qué en cuanto a la Historia de España se refiere, se produce la paradoja de que conocemos mejor estos hechos foráneos y muchas de estas batallas. Pero muchas de las batallas protagonizadas por nuestros soldados, quedan relegadas a un segundo plano, cuando no, directamente condenadas al ostracismo y olvido.

Este pequeño artículo pretende rescatar una de esas batallas, magníficas, enormes, dotada de todos los ingredientes necesarios para protagonizar su propia película, pero que en líneas generales no es del todo conocida fuera de algunos círculos.

Antecedentes

En el siglo XVI el Mediterráneo estaba siendo disputado por dos grandes potencias, por un lado, el bando turco bajo el mando del sultán Solimán el Magnífico

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Solimán el magnífico. Biblioteca nacional de París.

y frente a él, Carlos de Habsburgo (I de España y V de Alemania).

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Carlos V. 1605. Pantoja de la Cruz. Museo del Prado. Madrid.

Así pues, en 1538 los aliados pusieron rumbo a la plaza de Castelnuovo (actual Herzeg Novi en Montenegro) sitiando la misma y consiguiendo su rendición por parte de los turcos. Esta plaza quedaría en manos de los españoles (provocando la ira de Venecia que firmarían una paz con los turcos) bajo el denominado Tercio de Sarmiento, a las órdenes de Francisco de Sarmiento.

El desafío otomano llegó a lograr someter a asedio la ciudad de Venecia en 1526, a lo que Carlos de Habsburgo respondió enviando, a Álvaro de Bazán y Andrea Doria y tomando la ciudad de Túnez en 1536. No obstante, y dado el interés Otomano en Europa, a instancias del Papa Pablo III, el 8 de febrero de 1538 se formó la Liga Santa, integrada por los Estados Pontifícios, los caballeros de la orden de Malta, las repúblicas de Génova y Venecia y España. Paralelamente a la creación de la Liga, España había firmado la Tregua de Niza con Francia y se esperaba la adhesión de esta a dicha liga, pero su rey, Francisco I, que ya había tenido trato con el Sultán anteriormente, declinó la invitación. Quizá tratando de alguna manera de perjudicar y debilitar al Emperador Carlos.

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 La fortaleza de Castelnuevo. Fuente: https://waytomonte.com/en/p-3396-fortress-spanjola-or-spanish-fortress

Por otro lado, la liga quedaría derrotada y cedería el control del mar a los otomanos tras la derrota en Prevenza.  Este tercio debió ser reforzado, por ello se enviaron naves a Nápoles, Sicilia y España sin ningún éxito.

Momentos previos al combate.

Las tropas españolas apostadas en Castelnuovo suelen cifrarse entre los 3.000 y 4.000 hombres.

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Jeireddín Barbarroja. 1535. Agostino Venezian

Frente a ellos se apostaría Barbarroja comandando 50.000 soldados con 4.000 jenízaros, las tropas de élite del sultán, así como una gran cantidad de naves de todo tipo.

Los primeros combates se producirían el 12 de julio 1539 cuando tras cerrar el golfo de Cattaro, los turcos desembarcaron una avanzadilla. Los españoles no quisieron apostarse en las murallas a esperarles y el comandante ordenó a Machín de Mugía abrir las puertas y, junto con la escasa caballería, llevar el combate hasta los turcos, pillándoles por sorpresa, haciéndoles retroceder hasta las naves.

Ese mismo día se produciría un segundo desembarco, pero esta vez sería el propio Francisco de Sarmiento el encargado de rechazarles, causando cientos de bajas y provocando que no hubiese ningún nuevo desembarco hasta la llegada del propio Barbarroja el día 18 al que se le uniría por tierra un ejército al mando del corsario Turgut Reis.

Con la llegada de Barbarroja y la totalidad del ejército dispuesto frente a Castelnuovo y dado el número tan superior, favorable al lado otomano, se les ofrecería a los españoles la posibilidad de rendición. Francisco de Sarmiento envió a su alférez Garci Méndez a parlamentar con el almirante turco ofreciéndole la siguiente respuesta “Vuestra alteza sepa que yo no osaré decir a mi maestre de campo la cosa de rendir, porque pienso que por ello me mataría, ni menos él osará decir a los soldados, porque lo mismo harían con él” ante la insistencia del almirante el alférez le contestó poniendo fin a las negociaciones “Vuestra alteza no piense en ello, porque ya que nos rindiésemos ¿dónde habríamos de ir si no es a Italia? Ya vuestra alteza sabe que no es nuestra patria y allí no nos querrán acoger por hombres de poco valor. Y si fuésemos a España nuestros padres y parientes nos abrasarían por habernos rendido”

Así pues, con el fracaso de las negociaciones ambos ejércitos se dispusieron tanto a fortificarse, como a preparar el asedio. Pues hasta ese momento ninguno de los bandos había hecho ningún movimiento por no despertar el recelo en su rival.

Cinco días les llevaría a los turcos preparar sus armas de asedio, cavar trincheras y disponerlo todo para empezar el asedio. Los españoles por su parte, procuraron fortificar de la mejor manera posible la fortaleza durante estos cincos de respiro.

No obstante, los españoles no se quedarían con los brazos cruzados mirando a sus rivales armarse, aceptando y resignados a su destino, fuera el que fuese.

5 días antes de desatar el infierno

Los cinco días que emplearon ambos bandos en asegurar sus posiciones fueron, a su vez, aprovechados por los españoles para ejercer toda la presión que pudieron en el bando turco. Las noches se convertirían en el momento en que los españoles realizarían sus encamisadas, atacando y retrasando las obras turcas, matando al amparo de la noche, así perderían la vida más de mil turcos entre los que se encontraba uno de los oficiales preferidos de Barbarroja llamado Agi.

Los jenízaros decidieron desquitarse la rabia con la población local, lo que provocaría una nueva salida de Machín de Mungía haciéndoles replegarse de nuevo ante la acometida española, tal fue la fuerza con la que embistieron a las tropas de élite que las hicieron retroceder hasta el mar, provocando la ira del propio Barbarroja, pues no solo había perdido buena parte de sus tropas de élite, si no que había sido ridiculizadas.

Esto obligó a Barbarroja a cambiar el planteamiento de la batalla y realizó una nueva oferta a los españoles, les ofrecería una rendición honrosa, tan solo deberían dejar pólvora y artillería y cada uno de ellos recibiría la cantidad de 20 ducados. Dicha oferta fue trasladada por Sarmiento a sus capitanes y los defensores decidieron “que quería morir en servicio de Dios y de su majestad”. Pese a las generosas condiciones de rendición, entre las filas del tercio de Castelnuovo se encontraban hombres procedentes del tercio de Lombardia, el cual fue disuelto tras haberse amotinado.

Los asaltos

Durante 9 días y 9 noches fue la plaza bombardeada sin piedad. Durante estos días y ante el asombro de los turcos, los españoles dedicaban los días a tratar de luchar y aguantar el asedio, mientras las noches las dedicaban a reconstruir sus defensas.

Al 10º día se produjo el primero de los asaltos a la fortaleza, la infantería atacando por tierra y siendo apoyados desde tierra y mar por la artillería otomana. Los turcos atacaron con toda su rabia y fuerza, los defensores les recibirían con descargas de armas de fuego y pasando luego al combate cuerpo a cuerpo, a estocadas y a tajos. Los turcos perdieron miles de hombres, por solo unos 50 de los españoles. Con todo, este primer asalto fue rechazado.

Los españoles una vez más decidieron pasar a la acción en la noche, realizando una nueva encamisada, 600 voluntarios salieron de la fortaleza armados con dagas, espadas y su camisa blanca. Sorprendiendo a los turcos en su propio campamento produjeron una desbandada, rebasando las defensas en varios puntos y provocando el pánico entre las filas. Llegó incluso a ser retirado del campamento el propio Barbarroja por su guardia personal.

Al día siguiente, la artillería se concentraba en una de las fortalezas (La Norte), pues algunos autores comentan la posibilidad de que dos desertores capturados les dijeran a los turcos que esa era la zona más débil y por donde sería más fácil entrar[1], una vez la artillería acabó de disparar y se dispersó el humo, de aquella no quedaría nada y el ejército turco entró al asalto en la fortaleza la madrugada del cuatro de agosto.

Los turcos fueron recibidos con una dura defensa que les llevaría a estar el día entero en combate, obligando al caer la noche a retirarse una vez más. Los hombres al mando de Machín de Mungía había conseguido causar una gran cantidad de bajas. Una vez más los españoles pasarían la noche reparando las murallas y las defensas.

Es fácil imaginar el estado anímico de los defensores, así como el cansancio que arrastrarían por no poder descansar por las noches y pasarse el día combatiendo. Además, la pólvora y las municiones ya empezaban a escasear y parecía que sería coser y cantar el tomar la plaza en un nuevo asalto.

Tal sería el pensamiento del propio Barbarroja, que al día siguiente ordenó un nuevo asalto a la fortaleza. Pero de nuevo se trabaría un combate donde la bravura de los tercios viejos se demostraría una vez más, no obstante, esta vez consiguieron tomar una torre de la muralla donde ondeó su bandera estableciendo así una cabeza de playa en las defensas de la fortaleza.

El día 6 de agosto, la lluvia sorprendió a los combatientes. El aguacero arruinó la última pólvora, las piezas de artillería y los arcabuces obligando a pasar a la espada y a la vizcaína, combatieron los españoles sin desistir, incluso los heridos que preferían morir en combate que en la enfermería, se apostarían a defender la fortaleza.

El asalto final

600 españoles quedaban en las defensas de Castelnuovo, entre ellos el propio Francisco de Sarmiento, aunque herido. Ese mismo día ordenó la retirada a Castel Mare un pequeño castillo en la parte baja de la ciudad donde la población civil se encontraba refugiada.

Se encontraron con las puertas cerradas, y cuando pidió que las abrieran recibieron una negativa por estar tapiadas, a cambio, le ofrecieron levantarlo a él mediante una cuerda. Francisco de Sarmiento, ante tal ofrecimiento, respondió “Nunca Dios quiera que yo me salve y los compañeros se pierdan sin mí’’.

Mientras los turcos entraban en tromba en la plaza, Francisco de Sarmiento, Machín de Mungía, Sancho de Frías y Juan Vizcaíno se apostaron para la última defensa. Rodearon aquellos a lo que quedaba de los defensores hasta que ya no quedó nadie capaz de combatir. Pese a sus heridas, Francisco de Sarmiento no dejó de alentar a sus hombres escuchándole decir “Mirad, amigos, hijos y compañeros, cómo peleáis con estos infieles, ya que la muerte cierre nuestros ojos, no sin dar muestra de firmes cristianos y valientes españoles, pues que pudiendo vivir sin pelear, nos guardamos para hacer tan honrado fin; mirad, no huya nadie; mirad cómo pelean aquéllos sobre los cuerpos ya difuntos.De los 600 hombres que empezaron el día, apenas 200 quedarían al final de la jornada, y la fortaleza quedaría ya en manos otomanas.

Los heridos más graves serían asesinados y los supervivientes, capturados, entre ellos el propio Machín de Mungía, el cual, fue llevado ante Barbarroja. Éste le ofreció perdonarle la vida e incluso ser uno de sus capitanes a cambio de su conversión a la fe musulmana. Ante la negativa del español, fue degollado en el espolón de su galera.

Así acabó el asedio de Castelnuovo, cobrándose la vida de unos 16.000 turcos y la casi totalidad de los jenízaros.

Aun así, en 1545 apareció en el puerto de Mesina un grupo de soldados cristianos entre los cuales habían 25 supervivientes del asedio de Castelnuovo, serían estos los que nos retransmitirían los acontecimientos, una batalla larga y cruel, que demostró el valor que hizo legendarios a los tercios.

[1] https://www.regiondigital.com/blogs/52-libros-y-lanzas-manuel-fuentes-marquez/1777-castelnuovo-sangre-y-gloria-iii.html

ARSENAL, L. y PRADO, F., 2008. Rincones de historia español. S.l.: EDAF. ISBN 978-84-414-2050-2.

CRESPO FRANCÉS, J.A., [sin fecha]. La defensa de Castelnuovo [en línea]. S.l.: s.n. Disponible en: http://www.elespiadigital.com/images/stories/Documentos/TERCIO%20VIEJO%20DE%20SARMIENTO.pdf.

Liga Santa 1538. [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 15 agosto 2019]. Disponible en: http://www13.wikipedes.eu/03396437/LigaSanta(1538).

PÉREZ SÁNCHEZ, A.J., 2018. El asedio de Castelnuovo. elretohistorico.com [en línea]. Disponible en: https://elretohistorico.com/asedio-castelnuovo-tercios-turcos-mediterraneo/.

SANDOVAL, P., 1955. Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V / Prudencio de Sandoval; edición y estudio preliminar de Carlos Seco Serrano [en línea]. Madrid: Atlas. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra/historia-de-la-vida-y-hechos-del-emperador-carlos-v–2/.

Siege of Castelnuovo [en línea], [sin fecha]. S.l.: s.n. Disponible en: https://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Castelnuovo#cite_note-Arsenal27-20.

Torrado Daniel. 2018. Castelnuovo 1539.

Imagen principal del artículo pertenece a Daniel Torrado.